En las calles de Tokio y Osaka, es cada vez más común ver una escena particular: ciudadanos paseando a sus mascotas en coches diseñados para bebés, vestidos con ropa de diseñador y recibiendo cuidados de lujo. No es solo una moda; es el reflejo de una estadística alarmante.
Japón tiene hoy más mascotas que niños.
Según las últimas cifras de la Asociación Japonesa de Alimentos para Mascotas y los datos del Ministerio de Asuntos Internos, la población de mascotas (perros y gatos) supera los 18 millones, mientras que la cifra de niños menores de 15 años continúa en descenso, situándose por debajo de los 14 millones. Esta brecha no ha dejado de crecer en los últimos años, consolidando a Japón como una sociedad «super-envejecida».
El fenómeno de los «perri-hijos»
Para muchos jóvenes japoneses, la estructura laboral exigente y el alto costo de vida han hecho que formar una familia tradicional sea un objetivo inalcanzable o poco atractivo. En su lugar, han optado por las mascotas como compañeros de vida. Esto ha dado paso a una industria multimillonaria que incluye desde cafés para perros y spas, hasta seguros de salud especializados y funerales budistas para mascotas.
Una crisis de futuro
A pesar de los esfuerzos del gobierno japonés por incentivar la natalidad con subsidios y beneficios, la tendencia parece irreversible. Los expertos señalan que el país enfrenta una «soledad colectiva» donde los animales de compañía llenan el vacío emocional que antes ocupaban los hijos.
Mientras la población de mascotas florece, las escuelas primarias rurales cierran sus puertas por falta de alumnos, marcando un desafío económico y social que pone en jaque el futuro del sistema de pensiones y la mano de obra del país.
Redacción: Douleydis Romero


