Pocas ciudades en el mundo pueden jactarse de albergar una obra de la magnitud de la “Cromoestructura Radial Homenaje al Sol”. Sin embargo, en la capital del estado Lara, el icónico «Monumento al Sol Naciente» parece librar una batalla perdida contra el tiempo y el olvido.
Ubicada en la redoma de Las Trinitarias, la imponente estructura de 80 metros de diámetro —inaugurada en 1989— se desvanece ante la mirada de miles de conductores que transitan diariamente por el este de la ciudad.
Lo que el maestro Carlos Cruz-Diez concibió como un tributo dinámico a la luz y la vida, hoy muestra una cara sombría: 32 paneles de acero devorados por el óxido, pintura descascarada que ha perdido su efecto cromático original y bases repletas de grafitis.



“La cultura de la incultura”
El Informador Venezuela reseñó en una entrevista con el cronista y costumbrista local, Iván Brito, que el problema radica en una profunda crisis de identidad y educación. “Estamos viviendo la época de la cultura de la incultura. Al no haber conocimiento, no existe el aprecio por una obra de estas dimensiones; se le ignora porque está allí en la calle”, afirmó Brito con preocupación.
Para el cronista los funcionarios públicos no han dimensionado que poseen una pieza de un artista venerado mundialmente. Mientras en el exterior el legado de Cruz-Diez es un tesoro turístico, en Barquisimeto la obra se ha convertido en un elemento más del paisaje urbano, invisible ante los ojos de quienes deberían protegerla.




El deterioro no es solo estético; es estructural. A simple vista el equipo de Somos Barquisimeto pudo corroborar que si no se interviene pronto, el monumento podría incluso desplomarse.
Para el cronista la solución, sin embargo, parece estar estancada en la burocracia, por lo que hace un llamado a un “convenimiento diplomático” urgente entre las autoridades nacionales, municipales y la Fundación Carlos Cruz-Diez.
Restaurar el Monumento al Sol no es solo una tarea de ingeniería y pintura; es, ante todo, un ejercicio de rescate de nuestro sentido de pertenencia. Si el sol de Barquisimeto se apaga, se apaga también una parte fundamental de nuestra historia moderna.


