Este caso abre una reflexión sobre el respeto a la vocación infantil y el valor social del deporte.
«¿Qué quieres ser de grande?». Para la mayoría de los niños, esta pregunta es una invitación a soñar sin límites. Sin embargo, para Juan Pablo, un pequeño de 9 años, la respuesta se convirtió en un momento de desilusión.
Al expresar con orgullo su deseo de ser futbolista, recibió de sus maestras una respuesta tajante: «El fútbol no es una profesión y debes elegir algo que realmente contribuya a la sociedad».
El hecho, que se hizo viral tras un video publicado por su tía en redes sociales, ha encendido un debate necesario sobre el papel de los educadores y la familia en el fomento de los intereses de los más jóvenes.
¿Desde cuándo el deporte, que une naciones, fomenta la disciplina y genera salud, dejó de ser considerado un aporte valioso para el mundo?
Especialistas en psicología infantil coinciden en que a los 9 años, lo importante no es la viabilidad económica de un sueño, sino la pasión, disciplina y el propósito que ese sueño genera en el niño.
Validar sus intereses es enseñarle que su voz importa y que el esfuerzo por alcanzar una meta es, en sí mismo, una contribución a la sociedad.
Juan Pablo quiere ser futbolista, y en ese camino aprenderá sobre el trabajo en equipo, la resiliencia ante la derrota y la constancia.
Valores que, independientemente de si llega al profesionalismo o no, lo convertirán en un ciudadano ejemplar.


