La crisis eléctrica ha llegado a su punto de quiebre esta semana, alcanzando cortes de hasta 7 horas continuas que han dejado a la deriva las principales vías.
A pesar de los recientes trabajos de pintura y demarcación en las avenidas de Cabudare y Barquisimeto, la falta de semáforos operativos al oscurecer convierte el tránsito en una amenaza real.
Sin señales de control, los conductores y peatones quedan vulnerables en intersecciones que, en plena penumbra, se transforman en escenarios de alto riesgo y congestión absoluta.
El panorama actual rechaza las promesas de 2024, cuando Nelson Torcate, director de la AMTT, señaló que el objetivo era convertir a Barquisimeto en una «ciudad inteligente» capaz de funcionar sin depender de los cortes de energía, asegurando la instalación de semáforos inteligentes con autonomía de 5 horas, en las vías principales de Barauisimeto, recurso inexistente al día de hoy.
Según datos de Reuters de este mayo de 2026, Venezuela posee una capacidad instalada de 36.000 MW, pero debido a la crisis operativa y falta de mantenimiento, menos de 13.000 MW están activos.
Esta deficiencia energética no solo les quita a los ciudadanos de su tiempo y seguridad vial, sino que evidencia que el mantenimiento estético de las calles, como la pintura de brocales, es insuficiente si no se resuelve la oscuridad de los semáforos.
A pesar de que en zonas puntuales de Barquisimeto y Cabudare se ha reportado la presencia de funcionarios policiales para presuntamente colaborar con el flujo vehicular durante los cortes, este intento resulta fallido.
La magnitud del desorden supera la capacidad de maniobra de los policías, ya que los conductores, desesperados por la falta de señalización luminosa y la visibilidad nula, terminan colapsando las vías de igual manera.
Mientras la crisis eléctrica persista, el regreso a casa al caer la noche seguirá representando una alerta para los larenses.


