Este 18 de julio se conmemora un año más de la inauguración del Museo de Barquisimeto, una fecha que en épocas de oro representaba una fiesta para la identidad guara, pero que hoy solo evoca nostalgia y una profunda indignación.
La majestuosa edificación, que nació sobre los cimientos del antiguo Hospital de la Caridad y fue inaugurada formalmente como institución cultural en julio de 1982 bajo el mandato del presidente Luis Herrera Campins, arriba a su aniversario con las puertas cerradas al público, devorada por el abandono y convertida en el monumento a las promesas incumplidas del sector oficial.

El M.Sc. Romel Escalona. Historiador y Cronista de la parroquia Concepción de Barquisimeto, nos recuerda que históricamente, el Museo de Barquisimeto no solo fue un depósito de reliquias, sino el corazón del turismo cultural de la región. Bajo la dirección fundacional de la Abg. Milagros Gómez de Blavia, el recinto se consolidó como una parada obligatoria para los turistas nacionales e internacionales.
Con atracciones emblemáticas como la «Peña de Barquisimeto» —aquellos memorables encuentros de los jueves a las 4:00 p.m.—, conciertos en la Capilla San Miguel y exposiciones de envergadura como Renaibarena (sobre nuestro pasado prehispánico) o muestras dedicadas a la Divina Pastora y Arturo Michelena, el museo recibía un flujo constante de visitantes que dinamizaban la economía y la vida nocturna del casco central. Hoy, ese motor turístico está completamente apagado.
PROMESAS ROTAS
La realidad actual del museo contrasta drásticamente con el discurso gubernamental. En el año 2021, durante la gestión del alcalde Luis Jonás Reyes, se anunció con bombos y platillos la ejecución de restauraciones para este espacio en el marco de la Misión Venezuela Bella, a través del Instituto Municipal de Vivienda (IMVI). Sin embargo, tal como lo reportó el portal web de Radio Fe y Alegría Noticias en febrero de 2025, tras años de ese anuncio las obras apenas registran un supuesto 70% de avance, dejando en el limbo necesidades críticas como la colocación de techos, tejas, frisos y el control de las severas filtraciones que destruyen la casona.
A nivel regional, el panorama no ha sido distinto. Si bien durante la gestión anterior de Adolfo Pereira se llegaron a asomar intenciones y anuncios públicos para la recuperación del patrimonio, todo quedó en el aparato propagandístico. En la actual gestión de la gobernación del estado Lara, el silencio ha sido absoluto: el ejecutivo regional no ha emitido ningún tipo de pronunciamiento en rescatar la infraestructura, ignorando incluso la orden directa emitida por la presidencia en octubre de 2024, donde exigía la recuperación inmediata de todos los museos del país.
EL GRAN AUSENTE
Mientras el estado técnico del Museo de Barquisimeto grita por auxilio, la Corporación de Turismo del Estado Lara (Cortulara), en su actual gestión, ha mantenido una preocupante e inercia.
Al menos en el ámbito mediático y de cara a la opinión pública, Cortulara no ha presentado un plan estratégico para reactivar el que fuera el principal punto de encuentro de los visitantes en el centro de la ciudad.
Por los momentos, la realidad del Museo de Barquisimeto es sombría: los pocos ciudadanos que se acercan deben ingresar de manera improvisada por la zona del estacionamiento. Un edificio diseñado por el arquitecto austríaco Just Rosemberg y levantado por el alarife José de la Paz Morales, que sobrevivió al olvido militar y a amenazas de demolición en el siglo XX, hoy enfrenta su peor crisis: la de una institucionalidad que prefiere el silencio antes que la gestión.


